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viernes, 6 de diciembre de 2013

Camino Francés 2012: De Fuencebadón a Ponferrada. La Cruz de Hierro

Al amanecer nos levantamos y el padre Pablo ya nos había preparado el desayuno café con  leche caliente, pan con margarina y mermelada, según creo recordar.

Al salir vi pasar una larga marcha de peregrinos que durmieron en tiendas en Rabanal del Camino y como el suelo estaba muy duro, les motivó para levantarse pronto, pues de Rabanal a Fuencebadón hay una hora y media de camino en ascensión.

Poco a poco me fueron dejando atrás, pues la juventud, divino tesoro y la uña del dedo gordo de mi pie derecho empezó a dar señales de vida, o mejor dicho, de guerra.






En el año 2007 que hice este trozo, de Astorga a Villafranca del Bierzo en tres días, pues quería pasar por Ponferrada, donde se celebraba la Exposición de las Edades del Hombre dedicada al Camino de Santago, como peregrino y ver dicha exposición. Hace seis años dormí en Rabanal del Camino y aún de madrugada me levanté y recorrí con negra noche, eso sí estrellada, por la carretera debidamente señalizado, ya que a esa hora no había circulación. Ese año si que lo hice santamente, sin tropiezos.

Este año 2013 por fín alcance la cumbre del monte  Irago, donde se encuentra la Cruz de Hierro, donde los peregrinos dejan atrás recuerdos (tabaco, encendedor, ...) de su vida pasada, aunque alguno los recupera al llegar a Ponferrada.

El monte Irago, 1.520 metros es el punto más alto del Camino de Santiago, que se sube y se baja, digo esto, pues el punto más alto el el puerto de Somport a 1.640 metros en la provincia de Huesca, que salvo sufridos peregrinos franceses que suben desde Francia, la mayoría subimos en autobús desde Jaca y empezamos solo bajando. La única subida es un repenchón, poco antes de llegar a Jaca.


La cruz de hierro cerca de la cumbre del monte Irago

La cruz de hierro cerca de la cumbre del monte Irago. Se lo habrá pensado y recoge lo que ha tirado.

La cruz de hierro cerca de la cumbre del monte Irago. Había cola para hacerse la foto.

Junto a la cruz de hierro cerca de la cumbre del monte Irago

La cruz de hierro cerca de la cumbre del monte Irago

La cruz de hierro cerca de la cumbre del monte Irago

La cruz de hierro cerca de la cumbre del monte Irago. Le han hecho una foto al monstruo de las galletas.

La cruz de hierro cerca de la cumbre del monte Irago. Por fin salgo en una foto

La cruz de hierro cerca de la cumbre del monte Irago

A partir de aquí viene una dura bajada de mil metros de desnivel, donde las rodillas sufren de lo lindo.

Pasaremos junto a Manjarín con Tomás el Templario.



Manjarín

Manjarín

Tomás el Templario en Manjarín
En realidad la bajada empieza poco después de Manjarín, donde empezó mi calvario.







Dos peregrinos haciendo estiramientos.









Cuando llegué a el Acebo miraba si había una fuente, para refrescarme los pies, pero la de la plaza embozada y sucia. Peor sería coger un tifus galopante. No me atrevía a descalzarme, pues pensaba ... Finalmente decidí parar a desayunar y pensar. Me comentaron que en Ponferrada en el Hospital de la Reina atendían a peregrinos, por lo que consideré más sensato pedir un taxi que me bajó hasta el hospital. Donde el personal facultativo me atendió estupendamente y me dijo ya conocido que me recomendaban que dejara el camino.

Para los malpensados, en el computo general no he dado ningún salto, ya que en 2007 hice la etapa de Rabanal del Camino a Ponferrada en un solo día.

En una próxima entrada os mostraré mi estancia en Ponferrada.


lunes, 2 de diciembre de 2013

Camino francés 2012: De Astorga a Fuencebadón.

Antes de amanecer me levanté, pues la etapa se esperaba dura, no tanto por la duración ni por la subida, sino que a la hora de llegada se esperaba mucho calor, como así fue por la tarde que alcanzamos más de 38º C al sol.

Después de desayunar o más bien de empujar las pastillas con un batido acompañado de unas pastas para que empapara el líquido y no diera golpes por el estómago. Salí con una pareja habitual, pero pronto fueron seducidos por un bar abierto antes de las siete, donde desayunarían algo caliente.

A la salida de Astorga me adelantó el peregrino madrileño acompañado por su perro, un joven pastor alemán que llevaba unas alforjas con su plato, bebedero y un paquete de pienso. Se quejaban de las noches frías, pues después de la peor que fue en Villadangos del Páramo, le siguió en Astorga, donde él durmió en el albergue y el perro en un patio trasero.


los perros son como los niños que difícilmente miran a la cámara


Prosiguió la subida hasta la ermita del Ecce Homo que estaba abierta desde poco después de la siete, pues una señora me dijo: "Los peregrinos pasan por aquí preferentemente por la mañana y queremos que esté abierta".

Ermita del Ecce Homo a la salida de Astorga (León)


Tras la correspondiente visita, seguimos el camino que cada vez va subiendo.

Cuan larga es la sombra de un peregrino madrugador.
Dejas atrás Murias de Rechivaldo y Castrillo de Polvazares, en gran parte porque el camino rodea ambas poblaciones, hasta que llegamos a Santa Catalina de Somoza.

Llegamos a Santa Catalina de Somoza

Iglesia parroquial de Santa Catalina de Somoza

En la calle Mayor a la salida de Santa Catalina de Somoza
Por la próxima localidad que pasaremos es El Ganso y tras de sí por un florido camino en ascenso llegamos a Rabanal del Camino.
















Por Rabanal del Camino ya había pasado en el 2007, año que solo hice tres etapas del Camino, lo suficiente para llegar el segundo día a Ponferrada, donde ese año tenía lugar las Edades del Hombre dedicado al Camino de Santiago.

Desde mi primera visita en 1999 el pueblo y sus establecimientos habían cambiado.

Los albergues eran los mismos. Como tenía intención de continuar el camino, seguí la sirga peregrinal que pasa por dentro de la población. Frente a la iglesia en el albergue de Gaucelmo, gestionado por la sociación inglesa Saint James, pedí que me sellaran la credencial. Después continué mi marcha hasta Fuencebadón.

Ábside de la iglesia de Santa María en Rabanal del Camino

Fuencebadón

la antigua iglesia ahora es el albergue parroquial

El Camino me llevó hasta la antigua iglesia, hoy compartida como albergue y parroquia.

El albergue está gestionado por los Padres Agustinos de Zaragoza o al menos de esta procedencia eran los hospitaleros que nos atendieron.

Primero me asignaron una cama. Ya habían llegado cuatro jóvenes aragonesas que me adelantaron a mitad de etapa. Lo que hace la juventud y las fuerzas, pues habían salido desde Astorga. Después de ducharme, cambiarme la ropa y curarme la uña del dedo gordo del pie derecho, la que sería la protagonista del siguiente día, me preparé una comida, mal elección, pues en Rabanal me compré u sobre de pasta, de esa que se hecha una cantidad de agua y se hierve durante unos minutos. Estaba buenísimo, pero la mala elección fue porque por la noche tocó espaguettis con tomate y atún.

Por la tarde lo primero fue lavar la ropa, más aún porque el día anterior no lo hice en Astorga y tenía doble colada. Lo más rápido era el secado con el excesivo calor que caía. También tuve un rato para el descanso.

acceso a la entrada de la iglesia


casas abandonadas de Fuencebadón








con el calor que hacía el gato estaba frito.



Hay que recordar que, cuando pasé por Fuencebadón en 1999, el pueblo estaba abandonado.

Ya en 2007 y más aún ahora, gracias al Camino, el pueblo vuelve a tener un censo mínimo en invierno, lo que quiere decir que hay gente durante todo el año. Hay dos albergues más, uno de ellos vegetariano. Así como una casa rural.

A una determinada hora de la tarde, creo a las 17 horas,  nos reunimos bajo el tejadillo que cubre la entrada, donde tuvimos momentos de oración, intercambio de nuestras vivencias y cantamos juntos. Luego se hicieron dos grupos, uno que preparó la cena, y otro que preparamos la Eucarístía. A mi me tocó el segundo.







Los primeros lloraron y lloraron, cortando cebolla, para hacer un sofrito (el tomate era de bote). Finalmente hirvieron los espaghetti. Paralelamente el grupo de coreanos, que no se enteraban de nada, prepararon una "palangana" (por la cantidad y parecía un flan, todo pegado) de arroz blanco.








Después, poco antes del atardecer, fuimos a un espacio detrás de la iglesia para ver la puesta del sol y para recibir la bendición del peregrino.